Esta semana conocí el verdadero significado del riesgo. Anoche asistí a la presentación de una nueva revista y fue un evento que en lo particular disfruté bastante.

La revista se llama emeequis, así, la m y la x con todas sus letras. El contenido en sí de la publicación es político, pero no es política rebuscada, al contrario, es muy accesible para los lectores. Incluye además referencias musicales, libros, entretenimiento, cultura, deporte, entrevistas, reportajes y buenas columnas que vale la pena leer. Pero lo interesante aquí no es solo la revista en si, es todo lo que hay detrás.

Emeequis surgió con la necesidad, como lo dice su slogan, de un "periodismo indeleble". Su director y colaboradores sufrieron el acoso de la censura que terminó por sacarlos de un proyecto editado por un periódico de renombre nacional, que parecía muy rentable. No obstante, como siempre, el dedazo del Ejecutivo pudo más.

Este grupo de escritores, diseñadores y fotógrafos, no se
dieron por vencidos y decidieron continuar su labor periodística sin ningún tapujo. Juntaron esfuerzos y con el apoyo de los ciudadanos como principales accionistas del proyecto, su ímpetu por trabajar creció y logró lo que hoy es un medio alternativo, crítico, plural, inteligente y profesional. Un espacio además, donde se derrama la pasión por la escritura, se plasman ideas, se crean sentimientos y se desnudan verdades para que esta sociedad mexicana no siga viviendo en la ignorancia y pueda saber y comprender lo que sucede a su alrededor, pues como  bien lo expresa su director "los medios de comunicación deben ser parte de un proyecto democrático de país y no solo un proyecto de negocios". Aquí es donde se encuentra el riesgo. Radica en el creer en las palabras propias, en sostener argumentos que puedan pesar demasiado, en hacer de los criterios una puerta a la discusión, y así, lograr que el lector de esta revista porte una bandera única de opinión y mejor aún, que la ondee para que todos la vean.  El riesgo es, en conclusión, hacer que todo en conjunto tenga un sentido, pues en realidad, no es la censura el mayor problema para la expresión, sino el no tener algo que expresar.