Cada actividad tiene su propio mercado y formas de acción, pero pese a ello pueden estar interconectados; aunque cada vez más se dan las especializaciones según la competencia laboral, informática y económica que posean quienes trabajan con la tecnología y las exigencias del mercado. Los sectores dentro del área de la comunicación pueden clasificarse en este sentido por “a quién se dirigen”, como son:

  • Persona a persona
  • , en el que se genera una cadena de comunicación especial orientada de inicio hacia un cliente en particular, por lo que el proceso laboral es poco rutinario, pues va a adecuándose a las necesidades específicas del cliente.

  • Internet a persona
  • , en el que se crea un ambiente de atracción o seducción que es el inicio para desarrollar la comunicación de un cliente específico, en el que se pueden insertar formas de aprendizaje que combinen redes sociales en busca del autoaprendizaje.

  • Persona a Internet
  • , el cliente final carece de personalidad definida, es cualquier persona que visite el sitio o que tenga acceso a la información; donde la forma y contenido de la comunicación lleva el sello del trabajador de Internet, siendo en muchas ocasiones su objetivo el darse a conocer tanto como profesionista como persona.

  • Internet a Internet
  • , ahí encontramos una adaptación del trabajador a un modo de consumo de la comunicación que es impersonal, es decir, se adecua a formatos o standares ya establecidos por el cliente en su forma más universal, con tendencia a ser un proceso rutinario.

Sin embargo, todos los sectores que están en un proceso de comunicación para un cliente inmediato, las personas que los desarrollan deben también aprender los códigos y valores de la organización en que se encuentran, situación menos fuerte en el caso en que el cliente es Internet.

La territorialidad en este sentido resulta importante, pues a pesar de que Internet es una la red en la que no importan las distancias, los espacios físicos en que se ubiquen los clientes son distintos, así quienes se orientan a la persona, actúan en territorios locales, mientras que los que se orientan a Internet lo hacen a escala global.

La flexibilidad para estos trabajos ha llevado a que se efectúen en muchas ocasiones sin un contrato de por medio, ni bajo sistemas de promoción definidos, sino simplemente bajo un sistema de cotización con base en el trabajo a desarrollar y el tiempo disponible para su entrega; haciéndose por ello, cada vez más común el uso de solicitudes de cotización y tiempos de entrega los factores determinantes para la “contratatación” de los servicios del profesional.

Estamos entonces frente a una nueva forma de trabajo, que no sólo implica poseer como materia prima la información, sino también la definición de los objetivos que deberá de cumplir su desarrollo, presentación y direccionamiento, además de la velocidad y nivel de especialización en los que se desarrollen, las condiciones y el personal que lo hará. Unir todas características es una de las tareas de análisis que permitirán comprender la profundidad de los cambios que tienen como vector tecnológico a Internet y a la reestructuración del trabajo.

Mientras tanto, somos cada vez más los que vamos incorporándonos a estos nuevos procesos de profesionalización que exigen puntualidad, honestidad, veracidad, flexibilidad pero sobretodo conocimientos informáticos cada vez más especializados, para que nuestra labor pueda ser mejor remunerada.