Pero existe otra línea que surgió en la década de los 60´s denominada fuga de cerebros, lo cual significa  básicamente que un país le ofrece un atractivo empleo a un trabajador de otro país. Cabe hacer mención de que este tipo de ofertas laborales no se le hacen a cualquier persona. La llamada fuga de cerebros esta directamente relacionada con la ciencia y la tecnología. Es en este tema en donde se puede hacer una clasificación de los tipos de trabajadores migrantes. Por una parte los que son útiles, e inclusive necesarios, en los países de destino; como es el caso de Canadá en donde han elaborado una lista de oficios para los cuales las puertas están abiertas y otros para los cuales esas puertas están cerradas.

Posteriormente están aquellos que son considerados como no necesarios para el desarrollo económico del país, principalmente en el rubro de mano de obra, que concentra en muchas ocasiones a la mayoría de los trabajadores migrantes. Éstos, atraídos por salarios más elevados que en sus países de orígen, desarrollando empleos no reconocidos por la sociedad, en condiciones precarias y en situaciones menores al estándar de integridad humana.

Y finalmente, están los trabajadores que un país busca para el desarrollo de ciencia y tecnología, como ocurrió con Albert Einstein y la bomba atómica. En este caso los trabajadores son seducidos además de la remuneración, por las condiciones que se le ofrecen para trabajar, incluyendo tecnología de vanguardia y presupuestos bastos. Aquí cabe hacer una reflexión que se ha ratificado con los años, a mayor tecnología mayor es la necesidad de poder.

Si bien es cierto que la tecnología y la ciencia tienen el objetivo de mejorar la calidad de vida del ser humano; también es cierto que quien tiene la tecnología determina la calidad de vida de sus ciudadanos.

De este punto hacia delante el camino se bifurca en dos sectores que influyen en este tema: el gobierno de un país y el capital privado mundial. ¿Por qué? Porque la tecnología es sinónimo de dinero y no sólo de bienestar.

Al haberse instaurado en varios países políticas que restringen la migración y la regulan, los migrantes poco o nada calificados se ven entonces obligados a recurrir a redes de migración ilegales creadas por captadores privados. Muchos de ellos clandestinos. Por ejemplo, a veces un migrante solicita la categoría de refugiado político, cuando en realidad es refugiado económico, y aceptan trabajos poco gratificantes. No obstante, cabe señalar que a pesar de todo esos migrantes son útiles a los empleadores de los países de destino, porque gracias a ellos se evitan las presiones para que aumenten los salarios. Uno de los principales sectores controlados por capital privado y regulado por los gobiernos es el de la agricultura.

Cuando el migrante vuelve no lo hace siempre en las mejores condiciones. La mayoría de los migrantes proceden de zonas rurales, pobres y no cuentan con documentación legal para entrar a otro país. Esos trabajadores migrantes ilegales son susceptibles de retornar más rápidamente a sus países de origen porque se ven obligados a hacerlo, son expulsados.

Con el paso del tiempo en los trabajadores migrantes disminuye la motivación para el retorno a su país de origen cuando comienzan a disfruta de derechos, sus hijos crecen y van a la escuela, se hacen aportes para la jubilación, se compran una casa; cuando mejoró su calidad de vida.  Hablar de trabajadores migrantes lleva indirectamente a afirmar que si migraron lo hicieron para no volver. No obstante, a pesar de todo, algunos de ellos retornan a sus países, y los que lo hacen llegan con televisión satelital, teléfono celular, acostumbrados a otro tipo de comida, a comprar cosas que quizá antes no le eran indispensables.

El trabajador intentará aplicar lo que aprendió en su país, pero quizá no tenga éxito porque con él no migró el conocimiento sobre la creación de tecnología sino un conocimiento técnico. El trabajador ha cambiado y lo seguirá haciendo para adaptarse mejor a su entorno.